La “Sociedad post-capitalista” veinticinco años después

Por Rafael Bautista, Profesor Asociado, Facultad de Administración

Estos comentarios se refieren a la edición en español: Peter Drucker: La sociedad post-capitalista. Editorial Norma, 1994. (Peter Drucker, POST-CAPITALIST SOCIETY. Butterworth-Heinemann Ltd., 1993)

Durante su larga vida, Peter Drucker asumió el papel de “filósofo” de la administración. Hace veinticinco años, él escribió este libro corto, en el cual condensa muchas de sus ideas ya expresadas en obras pasadas. Lo que evita que esta sea una obra redundante es la claridad de expresión de las ideas centrales, ya decantadas por las décadas de práctica de consultoría y docente. En sus páginas, Drucker resume sus creencias acerca de los efectos que tendrá sobre el universo corporativo, sobre los estados nacionales, y sobre todas las sociedades, el ascenso del conocimiento como el factor último de generación de riqueza, y por implicación, de la distribución del poder en el ámbito global. Este proceso será causa de muchas sacudidas locales y globales.

Drucker dedica una proporción importante de esta obra a describir en qué consiste esa transición hacia una era post-capitalista, contrastándola con el mundo del capitalismo de hace un siglo, en el cual los factores de capital y trabajo eran descriptores centrales de las tensiones del período.  Contrapuesto a ese pasado, Drucker afirma que “…el verdadero recurso dominante y factor de producción absolutamente decisivo no es ni el capital ni la tierra ni el trabajo. Es el conocimiento.” En la misma tónica, y desde la perspectiva de su momento, Drucker advierte que el mundo estaba en transición: “Nada que sea “post” es permanente o siquiera de larga duración.” De hecho, él pensaba que el proceso se estaría completando hacia algún momento hacia “el 2010 o 2020”.

En otro aparte, menciona que los países del Tercer Mundo no parecen haber cumplido con las expectativas que sus movimientos socio-políticos de origen nacional habían prometido, y con tono ominoso señala que “A menos que en éste haya un rápido desarrollo, tanto económico como social, los países desarrollados se verán inundados por hordas humanas de inmigrantes del Tercer Mundo, que ellos no están en capacidad de absorber ni económica, ni social ni culturalmente.”

Como otro ejemplo de los posibles cambios a gran escala, Drucker también propone una evolución futura del estado nacional: “…lo que yo llamo el “Estado postcapitalista”, un sistema en el cual compiten y coexisten estructuras transnacionales, regionales, de Estado-nación, y locales, y hasta tribales.”

Drucker amplía sus tesis acerca de ese proceso disruptivo que vive la sociedad mundial. “En términos de pocos decenios, la sociedad se reacomoda – en su visión mundial; en sus artes; en sus valores básicos; en su estructura social y política; en sus artes; en sus instituciones claves. Cincuenta años después hay un mundo nuevo. Las personas que nacen entonces no pueden siquiera imaginar el mundo en que vivieron sus abuelos y en que nacieron sus propios padres.”

En cuando a la sociedad misma, Drucker concluye que “Esto significa, igualmente, que tendrá que ser una sociedad de organizaciones.” ¿Por qué, según él, esa es la forma social consecuente? Según lo expone en esta obra, “La función de una organización es hacer productivos los conocimientos…Las organizaciones son entidades que tienen un propósito especial. Son eficientes porque se concentran en una sola tarea [las cursivas son de Drucker]”. Si el conocimiento no se especializa lo suficiente, será imposible conducir sociedades complejas. Al nivel de las organizaciones empresariales, en una entrevista con HBR (en 1993), Drucker advierte que “…El problema se está haciendo más serio con organizaciones basadas en la información…cuando una organización se reestructura en torno a la información, la mayoría de los niveles gerenciales [intermedios] se hacen redundantes.”

¿Qué dice Drucker acerca del conocimiento? En una primera etapa de la historia – la Revolución Industrial – el conocimiento se aplicó a máquinas y herramientas. En una segunda etapa, coincidiendo con el período de los grandes industriales como Ford y Carnegie, el conocimiento se aplicó a los procesos. Aquí Drucker dedica algún espacio al papel que desempeñó el trabajo de Frederick Taylor, y su legado conocido como “sistema del taylorismo”. En su etapa final de evolución, el conocimiento se aplica al conocimiento mismo. A esa etapa Drucker la denomina la “revolución de la administración”. La consecuencia para la carrera de administración sería que un gerente no es alguien responsable por el rendimiento de personas, sino “…responsable por la aplicación y el rendimiento del conocimiento [las cursivas son de Drucker].”

¿Cómo se ven estas afirmaciones desde el presente, con un mayor conocimiento de lo que ha transcurrido en estos veinticinco años? Primero, es pertinente anotar que las tres etapas continúan vivas aún hoy. Extrayendo un ejemplo de la segunda década el de siglo XXI, observamos que una impresora 3D no es sino manufactura en ausencia de trabajo humano. Esto ejemplifica, en un solo objeto, la persistencia del conocimiento aplicado a máquinas y herramientas, junto con la tendencia de aplicar el conocimiento a procesos.

En cuanto a la acción del conocimiento sobre el conocimiento mismo, Drucker reconoce que sólo hay preguntas. Él no podía adivinar en su momento la dirección de los acontecimientos, en particular la emergencia de las tecnologías relacionadas con “inteligencia artificial”. La emergencia de las tecnologías de IA se puede ver, en términos puramente formularios, como una absorción paulatina tanto del factor trabajo como de muchas de las funciones del pensamiento humano, dentro del de capital. La consecuencia obvia de esto es la dificultad, al menos temporal, de ubicar la actividad puramente humana dentro de los esquemas de producción de bienes y servicios.  Es prácticamente inevitable que ese proceso se traduzca en serios malestares dentro de las esferas social y política.

Otro desarrollo que Drucker (ni otros gurús del pasado) no avizoró fue el sometimiento del flujo de la información pública a tecnologías que son, de por sí, el culmen de la aplicación del conocimiento científico. Ese fenómeno, en lugar de encumbrar la ilustración ciudadana ha conducido a la fragmentación sectaria, étnica e ideológica; ha conducido a una dilución funesta de la frontera entre verdad, falsedad y simple ficción. Tan malo como puede ser todo eso, lo peor es, desde el punto de vista de este profesor, la consecuente erosión de la energía vital social. Hace medio siglo, escasamente habría un “veinte-algo” que no entregara al  menos parte de sus pensamientos y luchas a la pregunta de quiénes serían los que detentarían el poder para trazar el curso de la aldea global. Hoy, las redes sociales han reducido a todas las cohortes a la militancia en una marcha de zombis. Incluso, con esas sombras en un porvenir que él no podía atisbar, Drucker supo proteger su retirada, “A menudo me preguntan si yo soy optimista o pesimista. Para cualquier sobreviviente de este siglo [XX] ser optimista sería fatuo.”

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